Formación de Maestros
Como hemos visto en la actividad realizada en clase, la formación del profesorado deja mucho que desear. Por un lado se les forma en un amplio corpus de conocimientos técnicos y en pedagogía, basándose en una función de la escuela como reproductora del conocimiento, por lo tanto el objetivo implícito de este tipo de formación es preparar a los niños en la repetición del conocimiento científico existente, para ello se les da una formación inicial en todas, o en la mayoría de las materia, para que en el futuro se especialicen.
Pero en problema es que la sociedad reclama de la escuela mucho más que la formación técnica amplia de los niños, se espera también que se les cuide emocionalmente, que se les corrija en sus actitudes, que se enseña modales, que se les cuide las horas que los padres pasan trabajando... y que los maestros sean expertos en esto y en otras muchas cosas.
Aunque los propios docentes piensan que su formación deja mucho que desear y echan en falta más formación pedagógica, no está claro que la función de la escuela sea la que actualmente se está exigiendo por la sociedad, se les exige demasiado en ámbitos fuera de su esfera profesional, con lo que se desvirtúa la profesión en si y se pierde el norte, el objetivo propiamente educativo de la escuela, que es el que tiene que desarrollar el profesorado.
La finalidad última de la educación es formar personas críticas y capaces de autodirigirse en la vida personal y profesional. Para poder hacer esto es necesario, además de una formación que se centre más en aspectos pedagógicos y que dote a los profesionales de herramientas cognitivas para ello, también es necesaria una formación crítica que les permita continuar desarrollando su profesionalidad a lo largo del tiempo, con una actitud personal de compromiso con su propia formación como con el desarrollo del alumnado, conscientes del cambio social, de sus posibilidades, autoevaluarse y cuestionarse si realmente está consiguiendo lo que se había propuesto y cómo puede mejorar en ello.
Este proceso supone grandes cambios no solo a nivel personal, sino en el entorno en el que se desarrolla el trabajo, en el centro, con los compañeros... y esto es complicado, pues siempre aparecen resistencias ante la innovación.