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Némesis

Psicología de la Infancia y la Adolescencia

Constructivismo

Mi padre es constructivista y él no lo sabe, se lo tengo que decir para afirmarle en la idea de que las personas llegan a los mismos sitios por caminos diferentes. Recuerdo que desde que ere pequeña hemos hablado mucho los dos sobre todo tipo de temas, cuando salíamos por las noches a pasear al pero o en nuestras excursiones por el cerro. Cuando le comentaba que no entendía porqué tal persona había actuado así o ponía en entredicho la legitimidad de ciertas decisiones tomadas por otros, él siempre me decía que tenía que intentar cambiar mi punto de vista y juzgar a los demás desde su situación y con sus valores, no con los míos, que el mundo no es una realidad objetiva sino una diferente para cada uno de nosotros, y que algo que no entra dentro de tu imagen del mundo, de tu concepto sobre la vida, no existe. Recuerdo una frase: “¿Cómo estás segura que el verde de la hierba que tu ves es el mismo que el mío? Lo que significa un trozo de pan para el que ha pasado hambre no es lo mismo que para el que siempre ha estado saciado. Cada uno creamos y recreamos el mundo en base a nosotros mismos y a nuestra experiencia”
Comprendo toda la sabiduría de sus palabras, pero aún hoy me cuesta aceptar con serenidad esta realidad, que lo que es bueno para mi no tiene por qué serlo para los demás, que la realidad es subjetiva.

Cuestionario del Apego

Cuestionario del Apego

Comencé pasando el cuestionario a mi misma y a mis padres con la intención de comparar y poder relacionar su estilo de apego con el mio, ver semejanzas y saber si alguno ha tenido mayor influencia en mi. Yo partía de una pequeña intuición al respecto, pues nos conocemos de toda la vida, y tenía curiosidad por contrastar mi intuición con los resultados de la prueba.

Aunque es complicado evaluar los resultados con las tablas adjuntas ya que los perfiles aportados son prototípicos y es necesaria más información, por las puntuaciones obtenidas y mi conocimiento personal de los sujetos he podido concluir que mi estilo relacional es más parecido en algunos aspectos al de mi padre y en otros al de mi madre. Mi intuición inicial no era esta, ya que siempre me he visto más cercana, en este aspecto, a la conducta de mi padre que a la de mi madre, y he podido comprobar que en mi caso el estilo de apego inicial (el de la infancia) era más parecido al de él, pero el que he desarrollado incluye muchos aspectos del que en el momento actual tiene mi madre.

Al ver los resultados aumentó mi curiosidad y amplié el estudio encuestando también a mis hermanos para compararlos con mis padres y entre nosotros. Cada uno hemos salido diferente.

Las conclusiones que puedo derivar de esta experiencia es que el estilo relaciona y de apego entre hermanos no tiene muchas semejanzas, aunque si las hay si los comparamos con los de los padres, aunque no coincide concretamente con el de ninguno de ellos, si no que parecen ser una mezcla de ambos o con matices de uno y otro.

Creo que además en el apego influyen otros aspectos que no son únicamente las conductas parentales de cuidado, sino que el entorno sociocultural y los valores sociales sobre autonomía/dependencia o sobre la importancia de las relaciones en la cultura en la que se desarrolla la persona, y también la elaboración de las situaciones sociales que se viven contribuyen a desarrollar, mantener o modificar el estilo relacional y de apego de cada uno. Estos aspectos, (así como la propia familia) están en continuo cambio y ajuste a lo largo del tiempo y de la vida, y en estrecha relación con un tema que veíamos a principio de curso, las transiciones y los sucesos vitales. Quiero decir que es posible que el primer apego que se crea en la infancia predomine o sea de mayor influencia en los primeros momentos o en la interpretación inconsciente que se hace de los sucesos vitales posteriores, pero en mi opinión y desde mi visión particular y subjetiva creo que el estilo de apego no es tan estable como se dice, sino que sufre modificaciones y adaptacioens en función de la personalidad y de las situacioens vividas y nos ayuda an interpretar situaciones futuras en función de nuestras experiencias previas. Es un proceso complejo y dificil de definir y diferenciar ya que hay muchas factores implicados y ninguno es sencillo, valores de origen, valores propios adoptados, experiencias, elaboraciones cognitivas de estas experiencas, factores emocionales asociados, todo ello entrelazado y mutuamente relacionado.

Desarrollo

Desarrollo

El desarrollo es un proceso en el que todos y cada uno de nosotros estamos inmersos pero que no percibimos con claridad en nosotros mismos sino a través de los otros que nos rodean. Estamos estudiando el desarrollo humano desde la infancia, esto puede tener su lógica pues hay que empezar por el principio, pero es cuando llevamos el análisis a nosotros mismos descubrimos la influencia y la importancia que han tenido y tienen las experiencias tempranas en nuestra vida. Y este análisis se hace a la inversa, desde el presente hacia el pasado para afrontar en mejores condiciones el futuro en un proceso de reconstrucción de lo que, a lo largo de la vida hemos ido constuyendo.

¿Sómos Máquinas?

¿Sómos Máquinas?

Los bebés son como máquinas. Están “programados” desde que nacen para que los adultos les atendamos, les alimentemos cuando lloran, les atendamos cuando se ríen y les miremos constantemente a esos grandes ojazos que tienen, incluso al hablar con un bebé lo hacemos de forma diferente a como lo hacemos entre nosotros o con un niño más mayor. Parece ser, por tanto que también nosotros estamos programados para atender y reaccionar a estos estímulos suyos, y es que, aunque la educación es intencional también hay una parte de instinto heredado en las relaciones de niños y adultos.

Empiezo así esta reflexión porque en cierta medida muchas de las cosas que vamos viendo en el desarrollo infantil me recuerdan a la inteligencia artificial, a las máquinas que aprenden, pero los niños van más allá, porque llega un momento en el que superan su programación y son conscientes de sí mismos y de su influencia en el mundo que los rodea, se hacen capaces de pensar y de decidir incluso en contra de lo más innato e instintivo, la propia supervivencia, y aniquilarse a sí mismo.

La duda mayor que me surge respecto a este tema es en qué momento o de qué manera se pasa de seguir el instinto genéticamente determinado a tomar las riendas de nuestra vida. Se que esto es un proceso que depende de diferentes factores, dotación genética, estimulación, posibilidades del entorno..., pero tiene que haber algo diferente, algo característico del ser humano, más allá de la simple adaptación al medio que nos permite Pensar. Igual solo estoy divagando y diciendo incongruencias y esta reflexión es solo un reflejo de la esperanza de ser inigualables.Ya hay máquinas capaces de aprender,de percibir y adaptarse a los cambios de su entorno, aunque aún no se ha encontrado la manera de que descubran su individualidad. Pero si no somos especiales, si no somos algo más que las estructuras qeu nos componen, si todo lo que somos está en la materia en el funcionamiento del cerebro podría llegar el día en que con una buena programación, la inteligencia artificial alcanzara a la humana y las máquinas, serían capaces de Pensar

No se si esto tiene algo que ver con la psicología del desarrollo.

Conocete a Tí Mismo

Conocete a Tí Mismo

Parece mentira que hasta que no nos paramos a pensar tranquilamente, y a pensar en compañía, sobre nuestra vida no somos en absoluto conscientes de cuáles han sido las cosas que nos han influido y que nos han hecho ser las personas que somos en el momento actual. Estamos poco acostumbrados a pensar en nosotros mismos con un poco de distancia. Al realizar el ejercicio de recordar momentos emocionalmente significativos comienzan a venirte a la cabeza situaciones y sucesos que en su momento has pasado por alto, pero que vuelven a la memoria como hechos muy presentes (será porque los sentimientos, sean positivos o negativos, hacen de fijador). Este ejercicio lo realizamos en muy poco tiempo y con una persona con la que no tenemos confianza, aún así revela bastantes cosas.

Al comparar mi lista de transiciones con la de mi compañera me llamó la atención que había muchas parecidas, aunque al comparar la de los momentos emocionales coincidíamos mucho menos. En esta comparación se pone de relieve la influencia de la cultura, la sociedad y el momento histórico, pero también la individualidad de la experiencia única que es la vida de cada uno.

También al analizar cada elemento de la lista para ver las relaciones entre emoción y cambio me dí cuenta que muchas veces se espera que una situación social concreta genere un cambio o despierte una emoción, pero esto no tiene por qué ser así, ya que cada persona es un mundo, y la experiencia siempre es única, aunque sea compartida en el tiempo o a través de él. Por ejemplo, yo había marcado mi boda como un momento emocionalmente importante y al pensar sobre si se había producido un cambio y en que manera se relacionaba con la emoción (si uno era causa del otro o no estaban relacionados) me dí cuenta que tenía la expectativa de que ese acontecimiento fuera un cambio por las connotaciones que tiene, pero en realidad para mi no había supuesto ningún tipo de cambio ya que llevaba 3 años de convivencia y 5 viviendo fuera de casa de mis padres. La sociedad y la cultura en las que vivimos marcan unas transiciones y unos momentos como evolutivamente importantes, aunque únicamente el individuo implicado es conocedor de su propia experiencia y de la importancia que tiene para su vida.

Muchas veces en mi vida profesional me ha llamado al atención como dos hermanos de edades aproximadas ante una misma situación (abandono familiar) se comportaban y vivían la experiencia de formas tan diferentes, incluso en contra de lo esperado los más pequeños apoyan y ayudan emocionalmente a los mayores. Estas cosas laman la atención porque se perciben y se evalúan desde la experiencia personal en base a lo que cada uno hemos vivido y sentimos al respecto y desde lo que es socialmente esperable. Es importante tener en cuenta esta individualidad de la experiencia y, llevar a la práctica la famosa frase del Oráculo de Delfos “nosce te ipsum”, conocete a ti mismo, para saber que parte de nosotros ponemos en los demás y poder así conocer al otro.