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Psicologia de la Personalidad

Determinantes y Estabilidad de la Personalidad

Determinantes y Estabilidad de la Personalidad

¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿a dónde vamos?. Estas son unas de las preguntas más importantes y trascendentales para el ser humano, y por consiguiente para cualquier ámbito del conocimiento. En este último ensayo hablaremos sobre la influencia de la genética y el medioambiente en la personalidad, qué parte es heredada y en qué medida la personalidad depende del entorno. También veremos si la personalidad se mantiene a través del tiempo de forma estable o por el contrario se modifica con los años.


Determinismo biológico

Una escultura y un sillar de una iglesia tienen los mismos componentes estructurales, ambas parten de la misma piedra de granito, pero la influencia del entorno en uno u otro caso ha sido diferente. En el taller del escultor la piedra es tallada con delicadeza y pulida con un gusto estético que da como resultado una escultura fruto de la inspiración del artista, y como arte capaz de inspirar al observador. Sin embargo en la cantera el entorno no es artístico sino funcional, la talla y el pulido son más bastos, obteniendo una piedra resistente y funcional capaz de sujetar un muro.

Teniendo la misma composición, siendo la misma piedra las diferencias ambientales dan como resultado piezas muy diferentes.

Importancia del ambiente

En el taller del mismo artista se trabaja en la misma manera dos bloques de granito del mismo tamaño y características. El primero tiene un grano fino, lo que le da a la escultura un acabado fino, limpio, un buen pulido, sin embargo el segundo bloque está compuesto por un grano más grueso que hace que los fragmentos se desprendan en grandes trozos, por lo que el acabado es tosco, mate, sin pulido.

Aún siendo el mismo tratamiento y el mismo artista el resultado difiere por motivo de las diferentes características de las piedras.

Esto sólo es un ejemplo que pretende ilustrar los sesgos que habitualmente aparecen cuando tratamos de la influencia de los rasgos genéticos y del ambiente en el desarrollo y la estructura de la personalidad. En el ser humano como en el caso del ejemplo, ni todo depende del entorno, ni todo depende de la configuración genética. Nos resulta difícil entender esto porque tradicionalmente se han entendido genética y herencia como aspectos fijos e inmutables, y por lo tanto se atribuye a la influencia del ambiente y del entorno las características de la personalidad, al ser esta percibida como no estática.

Los estudios realizados con gemelos, hermanos e hijos adoptados han aclarado en parte este debate, aportando datos que demuestran que hay aspectos de la personalidad que se heredan, pero que el entorno en el que se desarrolla influye en la heredabilidad de estos factores de personalidad, es decir, parece ser que el entorno, el ambiente no solo modela y modifica la personalidad que hemos heredado, si no que también influye en los rasgos que se transmiten de padres a hijos, modifica la posibilidad de que se herede o no una característica de personalidad. El gen es egoísta quiere mantenerse en el tiempo, perdurar, pasar de generación en generación, pero esas posibilidades están limitadas, matizadas y determinadas por el entorno social, un gen es más adaptativo en un entrono determinado, pero en otro diferente no lo es tanto.

Pero en este tema como en todos los que hemos estudiado anteriormente también hay una parte importante que pertenece a las subjetividad de individualidad de cada sujeto ya que lo que influye no es el entorno en sí, sino cómo es percibido por cada individuo en concreto, la subjetividad de la situación, lo que explica (entre otras factores) por qué personas que nacen y viven juntas son tan diferentes.

Bronfenbrenner y Ceci desarrollan un modelo que pretende descubrir la relación entre los genes, la conducta y el ambiente. Pare ellos la herencia es un potencial de desarrollo de conducta, pero este no se expresará a no ser en unas circunstancias concretas, en un cierto entorno, por lo que, de acuerdo con esta teoría, el desarrollo de la personalidad sería el producto de la herencia genética y la experiencia ambiental.

Esta explicación me parece la más coherente, ya que concuerda con las teorías de la evolución, la adaptación y la selección natural, ya que la conducta debe adecuarse al medio para ser adaptativa, pero también es lógico que exista una base biológica mediante la cual las conductas adaptativas se transmitan a las nuevas generaciones, esto es la herencia, por lo que es lógico pensar que la investigación tiene que contemplar ambas facetas de la personalidad.

En cuanto a la estabilidad de la personalidad a lo largo del tiempo, es cierto que con los años todos cambiamos, puede ser producto del aprendizaje o un proceso adaptativo de la especie, producido por el cambio de roles o por nuestra constitución genética, pero no es menos cierto que también, a demás de los cambios, hay un parte importante de la personalidad que permanece.

Hay conductas que se acentúan o disminuyen, se modifican de diferentes formas, pero siempre sobre una base que es la misma desde que, en la edad madura se asienta la personalidad. Es necesario que exista esta permanencia, esta estabilidad en la personalidad aunque sea rodeada de matices, modificaciones y cambios, pues si no fuera estable en un mínimo no tendríamos identidad, perderíamos en cierto sentido nuestro pasado, cada día seríamos una persona diferente, con unas características y comportamientos independientes de los anteriores. Esto tampoco sería positivo, pues las conductas adaptativas se perderían al no existir estabilidad en la personalidad.

Es importante conocer cómo somos, que nos constituye de que forma estamos influidos por nuestras características internas y externas, nuestros pensamientos, percepciones, capacidades, potenciales, para poder modificarnos y mejorarnos, que es el objetivo de la educación, la sublimación.

La conclusión de estas reflexiones es siempre la misma, las personas somos un sistema complejo de interacciones, influencias internas y externas, producto de la vida en sociedad y de la individualidad de cada uno, pero con una gran curiosidad por el mundo que nos rodea y por nosotros mismos. Las investigaciones y la tecnología nos ayuda a conocernos mejor y a descubrirnos a nosotros mismos. El estudio de la personalidad puede ayudarnos a contestar las tres preguntas que se plantean en la introducción, un gran reto para la especie humana, como grupo y como individuo, como PERSONA.

Aproximacioines Teóricas II

Aproximacioines Teóricas II

Si partimos de un planteamiento conductista para deducir que toda respuesta va precedida de un estimulo que es la reacción al mismo, podemos dar una explicación clara y sencilla de la conducta humana. Pero aceptar que la conducta es únicamente una adaptación mecánica al entorno es tener un concepto de nosotros mismos bastante pobre. Al igual que la personalidad no está determinada por la situación, sino que implica un gran número de características personales, únicas e individuales, la conducta, aunque en parte se produce por reacción ante estímulos, también posee una parte importante de independencia, de intención, de dirección de la misma en un sentido específico. Es aquí, en esta parte “personal” donde aparece la idea de motivación, meta y necesidades.

 

¿Por qué ante una misma situación diferentes personas tienen diferentes motivaciones?, o ¿por qué una misma persona modifica sus estrategias en función del fin que se proponga? Como hemos apuntado en otras ocasiones, el ser humano es muy complejo y no se puede explicar de una manera reduccionista. La elección de una conducta determinada y la dirección e intensidad que toma depende de diversos factores, entre ellos es verdad que se encuentra el estímulo externo, pero también influyen las emociones, pensamientos y motivos del individuo, que modulan la respuesta a emitir. Las teorías del valor y la expectativa dicen que van a influir en la conducta las expectativas de éxito y el valor subjetivo que el individuo le de a la meta o fin perseguido, si estos factores son altos la motivación para el esfuerzo será mayor que si la meta no es importante o se perciben pocas posibilidades de conseguirla. Otros autores, como Barberá, amplían este planteamiento añadiendo a estos factores antes mencionados otros de tipo social y cultural y también personales, como las atribuciones, el grado de control, las emociones, la experiencia previa... que interaccionan con las expectativas de éxito y con el valor de la meta y modulan la motivación frente a esa tarea, tomando una decisión al respeto y movilizando diferentes estrategias para conseguir el éxito y evaluar los resultados.

Los motivos se organizan en esquemas creados a partur d ela experiencia en situaciones concretoas y se generalizana otras somejantes. La experiencia y el aprendizaje a lo largo de la vida en diferentes situaciones configura nuestra imagen de nosotros mismos, nuestro acutoconcepto, que a su vez influye en los criterios, antenriormente nombrados, que median en la conducta y en la motivación para la misma. También nuestra concepción del mundo, nuestras ideas sobre los otros, los valores y creencias personales, los conocimientos... todo ello influye en la conducta, movilizándonos en un sentido concreto, definiendo nuestra motivación sobre los diferentes ámbitos de la vida y definiendo (un poco más) nuestra personalidad.

En el ejercicio sobre motivación situada realizado en clase fue relativamente sencillo determinar las motivaciones y redactar las situaciones para las mismas ya que la mayoría de nosotros hemos vivido la experiencia de tener motivaciones diferentes y usar estrategias diferentes dependiendo de la tarea o situación en que se produce. No supone un gran esfuerzo ya que solo hay que recordar situaciones específicas y las emociones y pensamientos relacionados con los objetivos que teníamos en ese momento. Si quieres aprender porque eso te satisface personalmente (motivación intrínseca) o si por el contrario lo haces por obtener una recompensa o aprobación social (motivación extrínseca) las estrategias utilizadas y los sentimientos que se crean respecto a la tarea van a ser diferentes y van a estar adaptados a la motivación en esa situación. La importancia que ese objetivo tenga para tí o las posibilidades de alcanzarlo influyen en la fuerza con la que se intenta conseguir, pero es claro que el aspecto subjetivo, la intención con la que se actúa, aunque la conducta sea la misma, en este caso estudiar, no es la misma.

Todo esto se va modificando a lo largo de la vida, en base al aprendizaje que todo ello produzca en el individuo. El aprendizaje está dirigido siempre a la mejor adaptación del individuo al entorno en el que se encuentra, pero las situaciones y circunstancias del mismo a veces pueden favorecer aprendizajes que, aunque en un primer momento pueden ser adaptativos, a la larga son desadaptativos.

Esto ocurre con la motivación de logro cuando se realizan de forma poco realista las atribuciones respecto al éxito o fracaso en una tarea. Si atribuimos el éxito a factores internos, estables y controlables, como por ejemplo el esfuerzo, aprendemos que podemos controlar y emitir conductas que nos proporcionen éxito y que este depende de nuestro esfuerzo, un aprendizaje adaptativo. Por el contrario si atribuimos este éxito a factores que no podemos controlar, externos a nosotros y que a demás no son estables ni predecibles lo que aprendemos es la incontrolabilidad de los resultados, la incapacidad para influir en ellos, la indefensión. Este aprendizaje consiste en la creencia (corroborada por la experiencia) de que no podemos hacer nada por conseguir el éxito ni por evitar el fracaso, lo que produce una desmotivación por cualquier tipo de conducta dirigida a lo uno o lo otro. Esta falta de motivación no solo influye en la conducta en una situación concreta, si no que se generaliza a otras e influye también a otros niveles, dificultando posteriores aprendizajes de competencia y creando desajustes emocionales.

Como hemos estado viendo a lo largo de este tiempo, el estudio de la persona y de la personalidad es complejo, pues existen múltiples interrelaciones e influencias que hacen a cada ser individual y diferente. Este entramado de rasgos heredados, situaciones sociales, motivaciones, aprendizajes, sentimientos, afectos, conocimientos, emociones, valores... configuran la personalidad humana. Pero esta no se desarrolla sola, sino en interacción con los otros, en grupo, en sociedad. Nosotros como adultos encargados de la educación y formación de las nuevas personas en desarrollo debemos tener muy en cuenta que influimos en los factores y condiciones en los que se producen los aprendizajes, y con aprendizaje no me refiero solo a aprendizajes académicos, sino aprendizajes psicológicos, aprendizajes que son adaptativos e influyen en la calidad de vida del individuo. Tenemos que conocer, evaluar y controlar la forma en que nos relacionamos con nuestros alumnos, las experiencias que les proporcionamos, las características de cada uno y las nuestras propias, pues de nuestra actuación dependerá que se sienta motivado hacia el esfuerzo, que tenga expectativas de éxito, que se relacione de forma adecuada, que sienta satisfacción, o por el contrario que no se esfuerce, crea que siempre va a fracasar, que piense que no puede mejorar o que se sienta insatisfecho o infeliz.

Quizá puede parecer exagerado, pero como hemos visto estas expectativas, atribuciones, motivaciones y aprendizajes dependen de las experiencias individuales que vive cada persona y el proceso de reflexión e integración que realiza sobre ellas. Ya hemos visto que tanto la motivación como la indefensión dependen de las situaciones que se presentan a los individuos y del aprendizaje que se hace sobre el control y la posibilidad de elección que sobre ellas se tiene. Los entornos educativos son los encargados de favorecer un proceso de experiencia y aprendizaje que posibilite el desarrollo de las Personas del mañana, con toda la connotación que esta palabra tiene.

Aproximacioines Teóricas

Aproximacioines Teóricas ¿En qué modo estamos influidos por característica biológicas?, ¿somos capaces de controlar nuestra conducta?, ¿podemos modificar nuestro entorno social o somos prisioneros de él?, ¿la personalidad está definida desde que nacemos o se desarrolla y se modifica a lo largo de la vida?. Las teorías estructurales nos dan una visión de la personalidad rígida y estable que la explicación cognitivo social matiza, planteando una dinámica más flexible entre los componentes biológicos de la personalidad, el ambiente social y el aprendizaje y la cognición humanas


Las teorías estructurales o de rasgos postulan que la personalidad está constituida por rasgos, que son los aspectos personales, estables y generales que la forman. Estos aspectos son heredados, por lo tanto determinado genéticamente. Según estas teorías los rasgos de personalidad influyen en las conductas individuales, estableciendo una tendencia a actuar según la dominancia de los rasgos de personalidad.

Si nuestra conducta está determinada por características de personalidad heredadas, estables y permanentes, hasta qué punto somos libres en tomar decisiones sobre nuestra conducta, ¿no estaría determinada por nuestra constitución biológica? ¿qué posibilidades de modificación de conducta tenemos entonces ante una conducta dominada por un rasgo de personalidad heredado?, no existiría tratamiento para las conductas delictivas, obsesivas, depresivas, o cualquier otro tipo de conducta contraria al bien social o individual. No existiría el concepto de libertad ni capacidad de elección en nuestras vidas, ya que estaríamos “dominados” por nuestra personalidad.

Esto no es así, la observación de la realidad y nuestra propia experiencia nos indica que los comportamientos y las conductas son susceptibles de cambio. Dentro de las teorías estructurales hay un enfoque, el interaccionista, que postula que la conducta está determinada por factores personales y situacionales y por la interacción entre ellos. Depende en gran medida del valor, significado y atribución que la persona da a la situación concreta, por esto, por las diferentes formas de interpretar la realidad es por lo que somos diferentes unas personas de otras, no sólo por las características de personalidad heredadas.

Cattell elabora una teoría de la personalidad, la teoría analítico factorial de la personalidad, que utiliza los rasgos como unidad de medida de la personalidad, introduciendo los conceptos de temperamento, motivación y aptitud, tomados del lenguaje natural. Intuye que hay algo más formando la personalidad que no es fijo, como los rasgos en los planteamientos anteriores, y que es esto lo diferencial de la personalidad y del comportamiento.

 

El mundo está lleno de personas, y todas y cada una de ellas es diferente, distinta, inigualable, no solo en su aspecto físico, sino en su forma de ver la vida, su concepto sobre el mundo, sobre los otros, sus valores morales y sus conductas. Cuando un niño es pequeño no es capaz de decidir, no tiene desarrollado su cerebro lo suficiente como para pensar que es lo que quiere hacer ni lo que pretende conseguir, pero aún así, sin saber conscientemente, emite conductas dirigidas a un fin, ya puede ser el llanto para calmar su hambre o la sonrisa reclamando atención. Llora o ríe en función de una sensación física que le supera, ya que él solo no la puede satisfacer, pero emite una conducta que influye en su entorno, provoca una reacción en las personas que le rodean y consigue cubrir su necesidad. Desde ese mismo momento está aprendiendo que unas conductas son efectivas y otras no, aprende que puede a demás de padecer su entorno puede influir en el. Cuando crece y es capaz de pensar será capaz de razonar y reflexionar sobre sus conductas, sobre las circunstancias sociales que le rodean y de influir conscientemente en unas y otras para adaptarse de forma satisfactoria y continuar formando su personalidad.

Por lo que nos explica el modelo cognitivo social, la personalidad se forma influida por muchos factores, entre ellos los hereditarios, pero tiene mucho más peso el aprendizaje, que siempre se produce en contextos sociales, la interacción de la conducta y el ambiente y los procesos psicológicos a través de los cuales las personas integramos todos ellos.

El ser humano como cualquier sistema vivo y, como apuntaba antes, desde su nacimiento, tiene la capacidad de aprender y adaptarse a los cambios que se producen a lo largo de su existencia. Esto no es nada distintivo de las personas, ya que todos los seres vivos lo hacen, lo que es característico de la humanidad es la forma en que lo hacemos, ya que nuestra percepción del mundo y por lo tanto la forma en la que nos posicionamos, son en gran medida subjetivas. Los teóricos cognitivo sociales incluyen en la personalidad factores subjetivos, como las expectativas, valores o las experiencias que influirían en la forma de enfrentarse a la realidad y en las conductas utilizadas para ello. Pero a demás también somos capaces de pensar sobre nosotros mismos y evaluar los resultados de nuestras conductas para cambiarlas y mejorarlas, sustituirlas o abandonarlas.

Podemos pensar sobre nosotros mismos y elaboramos ideas sobre cómo somos, qué podemos hacer, cómo es el entorno en el que nos movemos y cuáles son nuestras posibilidades reales de influir en él. Estos pensamientos implican grandes capacidades de abstracción, observación y simbolización para inferir consecuencias futuras de acontecimientos pasados y capacidades de autoevaluación y autorreflexión para pensar sobre nuestros objetivos y su consecución. El resultado de ello, la idea de eficacia que elaboremos sobre nosotros mismos, la posibilidad que suponemos tener para conseguir nuestros objetivos, la imagen mental sobre nuestras capacidades, todo esto también pasa a formar parte de la personalidad, también nos define de una forma única e individual frente al resto de personas.

Este concepto sobre nosotros mismos es aprendido a través de la reflexión sobre la experiencia, la conducta y los resultados obtenidos, se produce en el medio en el que se desarrolla la personalidad a través de las diferentes experiencias, ante las cuales el individuo activa valores y expectativas, aspectos cognitivos que influyen en la conducta. Se produce una interacción reciproca entre el ambiente físico y social, los sistemas cognitivo y afectivo de la persona y la conducta de la misma, y este aprendizaje sobre nuestra “personalidad” sobre nuestra forma de ser y comportarnos va a influir a su vez en la forma en que afrontamos nuevos retos y situaciones.

No podemos escapar a nuestra naturaleza, en comparación con otros seres vivos somos complejos e impredecibles, debido a la cantidad de aspectos que nos influyen, que tomamos en cuenta, de forma consciente o no, en cada paso que damos. Agentes externos e internos nos bombardean, diferentes experiencias, diferentes interpretaciones, diferentes sentimientos, motivos, pensamientos dan como resultado diferentes conductas para enfrentar y resolver un mismo problema. Esta complejidad nos hace mas difícil comprendernos a nosotros mismos de los que nos cuesta comprender a los animales o a las plantas, pero es lo que nos permite adaptarnos a cualquier situación, adaptar nuestra conducta a diferentes climas, sociedades, situaciones, aprender de nuestros errores y de los de los demás y ser cada día, aunque iguales, algo diferentes.

Las teorías cognitivas y del aprendizaje nos ofrecen una explicación de la personalidad que se acerca en mayor medida a lo que la experiencia personal y la observación cotidiana nos indica, y añade otros factores no biológicos a la comprensión de las diferencias de comportamiento entre personas y de una misma persona en diferentes situaciones y nos abre una perspectiva de personalidad mucho más compleja, con múltiples conexiones e influencias a diferentes niveles, en la que los procesos psicológicos personales tiene gran relevancia.

Introducción y metodología

Introducción y metodología

En el primer modulo nos hemos centrado en intentar descubrir y definir cuál es el objeto de estudio de la psicología de la personalidad; cómo se han aproximado a él los diferentes enfoques teóricos y las diferencias más importantes entre ellos; cuál es el tratamiento que se le da a la psicología de la personalidad como ciencia y la metodología que utiliza esta ciencia para su investigación y desarrollo. También ha sido una parte importante en este módulo indagar sobre las implicaciones éticas y morales que suponen el estudio de la personalidad.La psicología de la personalidad he tenido unos comienzos difíciles en su andadura como ciencia por la complejidad inherente a su objeto de estudio. Hay muchas otras disciplinas que estudian a la persona desde diferentes perspectivas, pero la psicología de la personalidad se centra en un aspecto, “la personalidad”, que es algo complicado de definir, de comprender y de estudiar, ya que la personalidad no es observable por si misma, si no que se intuye, se induce a partir de las conductas de las personas, pero éstas no siempre son observables, pues algunas de ellas se producen a nivel interno, en el entorno cognitivo del individuo, y a veces ni siquiera son percibidas por él mismo.

Podríamos decir que la psicología de la personalidad es la ciencia que estudia la conducta individual del hombre, con la finalidad de descubrir cuáles son los mecanismos o características más o menos estables que dan coherencia a la conducta, es decir, el objetivo de ésta ciencia es descubrir, controlar y medir las características que componen la personalidad para poder clasificar y comparar a los individuos y poder predecir sus comportamientos futuros en base a unas características individuales, consistentes y estables que les definen y diferencian del resto de sujetos.

El problema con el que se encuentra la Psicología de la personalidad para ello es definir claramente su objeto de estudio, la personalidad, definir cuáles son las características que la componen y de qué manera interaccionan estas entre sí; y elaborara instrumentos de medida válidos y fiables que permitan cuantificar esas características o rasgos, para así poder medir la personalidad. Esto es difícil porque la personalidad tiene conductas externas que son observables, pero hay otros aspectos internos que son complicados de cuantificar, por eso se recurre a diferentes técnicas adaptadas a la naturaleza de las características que se van a investigar.

Para poder hacer esto se ha decidido definir la personalidad como un constructo teórico medio por los test de personalidad. Esto implica admitir que la personalidad está integrada por diferentes aspectos que son susceptibles de ser medidos mediante los test. Ésta definición que incluye en si misma el concepto que intenta explicar, no facilita la comprensión de la personalidad, pero si permite el estudio de la misma, a través de las variables que la forman.

Hay muchas teorías que han elaborado diferentes definiciones y composiciones de la personalidad, pero hay bastante acuerdo en aceptar que las diferencias individuales en las características de la personalidad se pueden explicar mediante la Teoría de los Cinco Grandes. Ésta teoría define cinco factores que componen la personalidad: extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia o curiosidad. Mediante la evaluación de estos factores se han podido explicar aspectos del comportamiento, diferencias individuales y la consistencia y estabilidad de la personalidad en diferentes situaciones.

Aún quedan muchos otros aspectos de la personalidad por investigar para poder dar una visión de “la persona” de una forma más integral, como un único sistema complejo que funciona como un todo, con múltiples interacciones tanto con el entorno como con sigo mismo a nivel intrapsíquico.

Toda esta línea de investigación es apasionante, pues no acerca a la comprensión de algo que nos interesa especialmente, pues somos nosotros mismos, nuestra identidad como ser humano y como persona, como individuo. Comprender por qué somos como somos, por qué tenemos ciertos comportamientos, cuáles son las características que nos definen y cómo influyen en nuestra forma de comprender el mundo nos da una visión más amplia de nuestra historia de vida, de nuestra Persona en el más amplio sentido de la palabra.

Esta disciplina científica no está exenta de un planteamiento ético sobre el comportamiento humano, descubrir la base del entramado del tejido humano, comprender nuestro funcionamiento, no nos exime de realizar un juicio crítico sobre nuestro comportamiento, la psicología de la personalidad nos puede ayudar a comprendernos como individuos y como especie y a avanzar en el conocimiento aplicado a progresar, a mejorar como personas.

La psicología de la personalidad al descubrir, como toda ciencia, leyes que permiten la clasificación y predicción de acontecimientos, pone al alcance de la humanidad un conocimiento que puede ser peligroso si no se tiene en cuenta una concepción ética y moral sobre su utilización, el avance en este campo, como he dicha anteriormente, puede llevarnos a comprendernos mejor y ayudarnos a crecer como personas, pero también puede ser utilizado en contra de los intereses y derechos que nos corresponden como seres humanos.

La finalidad de cualquier ciencia y de todo el conocimiento humano es mejorar como individuos y como especie, es posibilitar una vida mejor, pero, desgraciadamente podemos comprobar que a lo largo de la historia muchos de los descubrimientos científicos se han utilizado con fines poco éticos. Es necesario que se mantenga un debate constante en este sentido para que los avances científicos sirvan para alcanzar fines positivos.